
Francisco del Toro.
Nací en Sevilla (ciudad del Betis) el 16 de Enero de 1967, a
las 15:00 horas, en el antiguo “Hospital de las Cinco
Llagas”, hoy sede del parlamento andaluz y lugar donde, en la
actualidad, ocurren fenómenos paranormales.
Soy Técnico en Emergencias Sanitarias (TES) del Servicio de
Emergencias 061 de la comunidad andaluza.
Aunque mi vocación y actividad laboral que compagino con la
anterior, y que llevo ejerciendo desde que tenía 11 añitos, es
la música. Soy instrumentista, director y compositor (todo un
partidito, vamos).
También colaboro en el programa de misterio que se emite en
Radio Rinconada, “La Esfera”, que dirige “Brasi” J. Jiménez.
Y el tiempo libre que me queda, pues aprovecho y hago alguna que
otra investigación de campo.
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CARTA
A UN AMIGO
Marzo 2006
Sí, Fernando, ya hace un año que nos dejaste, ¡cómo pasa el tiempo!
¿verdad?
Aún recuerdo aquel 27 de marzo. Estaba oyendo la radio, un programa de
esos a los que por tu culpa me aficioné cuando aún era un niño.
Estaban hablando demasiado de ti, recordando toda tu larga trayectoria
en este mundo de los misterios (que para cuatro que somos siempre
andamos a la que salta). Algo no me cuadraba... ¿hablaban de ti sin tú
estar??? No, no puede ser, Fernando no se puede haber ido, tiene aún
mucho que enseñarme y yo mucho que aprender. Pero sí, se me hizo un
nudo en el estómago, un cosquilleo me recorrió de arriba abajo, sí,
Fernando tenías prisa por descubrir de una vez por todas qué hay al
otro lado y te fuiste, sin despedirte, sin que lo esperáramos, te
fuiste y nos dejaste huérfanos.
Fernando, ¿recuerdas esos domingos por la tarde cuando yo me sentaba
delante del televisor para ver tu programa “Más Allá” ? Esa fue la
primera vez que te vi. Cada domingo me sorprendías con algo nuevo:
ovnis, casas encantadas, psicofonías ¿psicofonías, que es eso? Aún
recuerdo la primera vez que oí una, y fue gracias a ti. Me pongo a
recordar y creo que yo rondaría los 10 ó 12 años, y sentía una
atracción especial por ese psiquiatra ojeroso y de voz penetrante. Para
un niño de mi edad, era lo único que le atraía del domingo, que
indefectiblemente dejaba paso a un lunes más y dejaba atrás un fin de
semana de reposo escolar, pero, ese lunes servía para hacer tertulias
en el patio del colegio sobre el tema tratado por ti el día anterior.
¿¡Quién me iba a decir a mi que por culpa de esos programas y esas
tertulias escolares iba a verme ahora aquí, rodeado de tus libros (y de
otros que no son tuyos, pero tú ya me entiendes de que van) escribiéndote
esta carta!? ¿¡Quién me iba a decir a mí que, al final, iba andar
metido en los “asuntos” a los que tu dedicaste media vida!? Te debo
mucho, Fernando, y tú lo sabes.
Pero hay algo que me duele. Esa televisión, la misma en la que tú
participaras, no ha tenido la delicadeza de reponer algunos capítulos
de tus series. Aunque me he enterado por ahí que en uno de los canales
que esta cadena tiene vía satélite han repuesto algo, pero gracias a
una colaboración privada.
Por desgracia nunca pude conocerte en persona, pero iba a ponerme en
contacto contigo sobre un tema que tú investigaste en su día y quería
que me dieras tu opinión antes de yo “meterle mano”, pero no pudo
ser, te fuiste antes, te empeñaste en descubrir cosas nuevas, como
siempre hiciste, pero esta vez nos la jugaste a todos tus discípulos y
yo me quedé con ansias de saber más, de que tú me instruyeras. Pero
no pudo ser.
Pero, ¿sabes una cosa? Al menos, aquí en mi estudio, desde donde ahora
te escribo, tú sigues conmigo. Si miro a la biblioteca veo tu foto o
veo algún libro del que tú eres el autor, por lo tanto, sigues dándome
lecciones magistrales. Si miro en la videoteca, ahí estás tú, en
muchos de los múltiples videos o dvds que editaste con los temas que
nos interesan a los locos de siempre. Por eso, Fernando, por lo menos en
este rinconcito del universo, tú sigues vivo, sigues enseñando y, si
cierro los ojos, veo los tuyos, esos inconfundibles ojos ojerosos.
Ya hace un año Fernando y yo te escribo ahora, ahora que quizás ya
pocos se acuerden de ti. Ahora lo hago yo, para que veas que siempre
quedarán aquí discípulos tuyos que te echarán de menos cada vez que
amanezca un nuevo día.
Pero no te preocupes, amigo, algún día daré con tu paradero y
entonces tendremos toda una eternidad por delante para que me sigas enseñando,
aunque yo haya descubierto el secreto, tú, como siempre, me llevarás
unos años de ventaja en el tema.
Hasta el día de nuestro encuentro, Fernando. Un abrazo.
Francisco del Toro Zamora

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